18.1.09

Sonia participó en el Internacional cadete de la Comunidad de Madrid

No tuvo su día la bravísima Sonia

Definitivamente, el antes conocido como Villa de Madrid y ahora Campeonato Internacional cadete de la Comunidad de Madrid, no es lo nuestro. Hace años, María Abial no se comió un colín en esta cita, después, Yaiza Martín no pasó del quinto puesto, como tampoco pasó, hace dos años, Raúl Abial. Eso por hablar de los últimos cinco años. Ahora, le llegaba el turno a Sonia Sieiro y… tampoco tuvo su día. Claro que, a veces, tiene que venir a explicarte una chica de Murcia, las cosas que no le entiendes a tu profesor.


Cuando un muchacho (muchacha en este caso) aprende a ganar, lo que ha conseguido es hacer confluir una serie de factores importantes y comunes en casi todos los deportes (concentración, coraje, pundonor, fuerza mental y física, velocidad mental y física…)

Eso está fenomenal y no todo el mundo sabe hacerlo. No es sencillo meter todo eso en la batidora y producir el éxito deportivo. Pero no hay que olvidar (y no nos vamos a cansar de recordarlo) que un muchacho o muchacha de 14 años no es un campeón sino un deportista en formación. Cuando se trata de un deporte o especialidad de técnica sencilla (carrera, por ejemplo) se adquiere enseguida el rudimento técnico y se progresa a base de entrenamiento físico. Cuando se trata de un deporte o especialidad de técnica más compleja (lanzamiento de jabalina, por ejemplo) no basta con hacer músculo. ¡Pues figúrense Uds. en el yudo de tan complejo bagaje técnico!

Lo malo es que tenemos legión de entrenadores que se dedican al músculo olvidando que el yudo lo creó Yigoro Kano; un hombrecillo frágil, nada corpulento y obsesionado con la máxima eficacia con el mínimo esfuerzo.

Ojo. No se trata de aplicar la racanería en los entrenamientos cuando se habla de mínimo esfuerzo, se trata del empleo científico, racional y lógico de lo que tenemos a nuestra disposición (cuerpo) aplicando principios de acción-reacción sobre lo que no tenemos a nuestra disposición (el cuerpo del adversario). De ese modo y de ningún otro, se puede vencer al que es más rápido, más fuerte o más potente en un deporte como el yudo que algunos se empeñan en convertir justo en lo contrario: una lucha en la que gane el más fuerte (bestia).

Alumnos como Sonia, que destacan a temprana edad tienen que descubrir lo que otros menos dotados comprueban a diario: que hay que aprender mucho yudo para vencer, para superarse y para superar a los adversarios. En nuestra programación enseñamos el grupo de técnicas de juego con la pierna a los mangas amarillas (niños de 11 y 12 años de edad). Hablamos de jarai-gosi, uchi-mata, taiotosi (y posteriormente jane-gosi). Sonia aprendió a levantar la pierna tras tener un demoledor kosiguruma y pasó a encontrar un demoledor jaraigosi. Pero Sonia tiene 14 años recién cumplidos y ya no es manga amarilla. De hecho dejará de ser manga azul muy pronto. Es decir, que desde hace cuatro años Sonia se ha quedado con ese jarai-gosi y no ha aprovechado, como otros compañeros, el estudio de grupos de técnicas o llaves como barai, gari, gake, sutemi… (es incapaz de encadenar su jaraigosi con nada (más allá de su concentración, coraje, pundonor, fuerza mental y física, velocidad mental y física…) Y eso tiene la explicación de que no le resulta fácil y, en cambio, le resulta más fácil seguir ‘con lo suyo’ y seguir ganando. Este es el peligro de destacar a temprana edad y de no entender lo que explica un profesor. Luego viene una niña de Murcia o de Portugal y te lo explica de maravilla.



Este cuento es de aplicar. Es decir, que se apliquen el cuento los que consiguen destacar muy prontito; y que piensen que el yudo (al menos el nuestro) no es el de ganar, sino el de progresar. El momento de ganar, por otra parte, no debe de ser nunca en las categorías de promoción, sino cuando uno ha elegido el camino de la competición y se dedica a ello en cuerpo y alma (o casi). Y aún en ese momento se pone en solfa quién debe de ser el campeón (y no siempre en eso hay una justicia al uso). Porque, recordad que campeón sólo puede ser uno; el ‘otro’ sobra en esa apasionante pero cruel carrera.



Primero faltó yudo y luego llegó el descuido

Todo este largo preámbulo viene para introducir la crónica de un día aciago. Sonia estaba radiante, charlando con todo el mundo, pendiente de los muchos amigos y amigas que hace en cada campeonato y a los que volvía a ver. Estaba pendiente de quienes conocía en su peso, de sus padres en la grada, de muchachos de otras federaciones, de muchachas de otros pesos…estaba pendiente de todo menos de calzarse para no estar descalza en el frío suelo del pabellón, de calentar adecuadamente, de seguir los encuentros de su peso para ir analizando a sus posibles rivales.



Su primer encuentro, para colmo, era el primero de su peso. Su oponente una durísima murciana a la que opuso feroz resistencia. Atacó muchísimo y se llevó tantas contras como ventajas consiguió. Lo malo es que si Sonia conseguía yuko la murciana enseguida le marcó uasari en uno de esos contraataques, que parecía tener muy claros. No hay que olvidar que Sonia estuvo hace poco compitiendo en Totana. Lo mismo su rival de ayer estuvo pendiente de la competición y tuvo ocasión de analizar a Sonia, mientras ella, con su fenomenal carácter, ganaba amigos y desplegaba su habilidades sociales.

El caso es que Sonia acabó perdiendo sin ser capaz más que de atacar mucho (y mal) con jarai-gosi y ni siquiera desde distintos desplazamientos o cambiando el agarre. Total ausencia de recursos técnicos.

No obstante, no hay que cargar tintas. A ver si es que pretendemos que una niña de 14 años gane siempre (o al menos consiga siempre medalla). Lo que pasó el sábado fue, en realidad, otro paso adelante en la progresión de Sonia, por más que ella llorara amargamente (precisamente su llanto es buena señal; seguro que aprendió la lección).



En el segundo encuentro, Sonia salió más concentrada en atacar de manera más eficaz y, enseguida cobró ventaja. Pero se desmadejó en fracciones de segundo en una pelea rarísima por levantarse del suelo, cuando, ni tenía necesidad, ni tenía ventaja. Su rival lusa estuvo habilidosa y proyectó a Sonia según acababan de levantarse del suelo. De nada vale clamar si era todavía ne-uasa (que entendemos que no lo era) o que si el ipón era demasiado premio para el gesto técnico y la caída de Sonia (podía ser perfectamente ipón y punto). Y ahí llegaron las lágrimas que habrán de servir para regar la semilla de la lección tan amargamente aprendida.

Horroroso arbitraje en ne-uasa

Al margen de la participación de Sonia vamos a dar queja de algo terrible a nuestro parecer. Hablamos de lo que parece un total desconocimiento del yudo suelo (ne-uasa) por parte de algunos árbitros. Ojalá que se haya tratado de una casualidad, pero vamos a ello porque creemos muy poco en las casualidades.

Hubo dos chicos que perdieron el conocimiento en suelo. Hasta ahí no parece demasiado grave. Ya se sabe: los nervios, el pundonor de los yudocas de estas edades, la falta de experiencia… lo malo es que en ambos casos se veía una estrangulación perfectamente aplicada. Eso ya es más grave. Pero lo es aún más el hecho de que en ambos casos el árbitro central va y da mate y se encuentra con que uno de los yudocas se queda ‘torrado’ en el suelo y, por tanto, no se levanta. Es para ponerse a mear y no echar ni gota que decía una veterana yudoca que yo conozco.



El primer caso fue el del hijo de nuestro amigo Ramón que se quedó boca abajo y su rival, con mucha habilidad consiguió pasar la mano derecha sobre el cuello hasta coger la solapa del lado contrario. En lugar de pasar la mano izquierda (por debajo) hasta la otra solapa, la adelantó hasta coger la pernera y pasó la cadera sobre el hombro. De esta forma si se había visto corrección en el gesto técnico había que dejar continuar. Así lo hizo el árbitro, lo que demuestra que no vio nada punible (solapa en la barbilla, por ejemplo). Entonces, el desconocimiento del árbitro se demuestra cuando ve inmóvil al que está sufriendo la estrangulación y, no sólo no se acerca a ver cómo está, sino que desde lejos dice mate. Entonces se levanta el que ejecutaba la técnica de sime-uasa y el otro se queda tirado en el suelo, comenzando segundos después a dar convulsiones ante la pasividad de los tres árbitros. Dio tiempo a que Ramón saltase al tatami a dar la vuelta a su hijo y a ponerle los pies en alto.

En esta ocasión, el muchacho ‘privado’ estaba boca abajo. Pero poco después hubo otro lance similar solo que en esta ocasión se produjo con un convencional kata-ja-yime (creo recordar). Estaba perfectamente cogido y, para colmo, el yudoca que lo aplicaba giró a su oponente de forma que lo veía claramente el árbitro central y también el juez de silla (dos árbitros viendo la aplicación correcta de un kata-ja-yime). No debió tener paciencia el árbitro (o hace tiempo que no hace randori en suelo) y dio mate. De nuevo se levantó sólo uno de los dos yudocas y, de nuevo, se hubo de llamar al médico.

Con estas anécdotas no es de extrañar que sea generalizado el no dejar hacer suelo, por parte de los árbitros; se ve que no quieren tener problemas al entrar en un terreno que desconocen o que no dominan. Y eso a pesar de que estamos detectando que ya se deja trabajar algo más, en los últimos tiempos. Lo dicho: “para ponerse a mear y no echar ni gota”.

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