6.8.12

Olimpiadas y Juegos Olímpicos sin medalla en yudo

Sugoi Uriarte

Una olimpiada es el período de cuatro años que van desde unos Juegos Olímpicos hasta los siguientes. En ese sentido yo puedo afirmar que he participado o estado en muchas olimpiadas… ¡pero en ningunos Juegos! Eso nos pasa al común de los mortales, pues ser olímpico es todo un privilegio y, además, tiene mucho mérito; muchísimo. Pero, no deja de ser chocante que la mayoría de los deportistas olímpicos no sepan diferenciar este sencillo asunto; que no sepan diferenciar unos Juegos Olímpicos de unas olimpiadas. Ahora bien, que los periodistas deportivos induzcan a engaño al no saber la diferencia raya en la provocación y puede acabar cabreando.

Hablando de arrebatos, iracundias y otro tipo de cabreos hago memoria y veo que llevamos tres olimpiadas (ahora sí) sin conseguir medalla en yudo. Es decir, que durante tres períodos de cuatro años, que van desde Sidney 2000 hasta Londres 2012, estamos  sin rascar chapa. Y como ya nos hemos quedado sin opciones en Londres, estaremos otra olimpiada (otros cuatro años más) sin presea. Un desastre.

Bien es cierto que en la travesía por el desierto hubo un par de oasis o tres. Me estoy refiriendo a algunos diplomas olímpicos que quedaron en eso cuando estuvieron a punto de mineralizarse en codiciado metal. El caso más reciente ha sido el de Sugoi Uriarte al que inútilmente han dado en poner de víctima de árbitros malévolos, o de oscuras confabulaciones, cuando no hubo tal. Por más que nos pese la decisión fue ajustadísima, pero de robo… nada de nada.

Parece que a eso es a lo máximo que aspiramos en los últimos Juegos los seguidores del yudo español; al “casi, casi”. Muy fresco en la memoria queda el espléndido combate de Esther San Miguel en Pekín 2008. En franca ventaja afrontaba los últimos compases de su enfrentamiento con la francesa Stephanie Possamai. La confianza de la española, su ambición o un despiste -qué más da- facilitó que la gala consiguiera el guasari que necesitaba para birlarle a la burgalesa el preciado bronce. Un día antes, su compañera Leire Iglesias también acabó en quinta posición quedándose con la miel en los labios, que se suele decir.

Esther San Miguel

En los Juegos Olímpicos anteriores, los de Atenas 2004 fue Oscar Peñas el que se quedó casi tan cerca como Sugoi Uriarte de la medalla de bronce. Recuerdo que se acababa de estrenar eso del desempate por técnica de oro y Óscar se vio envuelto en dichos menesteres ante el búlgaro Georgi Georgiev. Y acabó cayendo (nunca mejor dicho) en ese período de desempate.

Hablando de diplomas

Pero ya que hablamos de diplomas olímpicos es hora de recordar cuáles han sido, porque recientemente he escuchado que el yudo nacional llevaba cinco de estos reconocimientos. Negativo. Son unos pocos más; a ver si no me dejo ninguno.

José Luis de Frutos en Montreal 76

Para empezar hay que decir que el que abrió la espita fue el madrileño del barrio de Usera José Luis de Frutos. Fue en Montreal en 1976 en los tiempos en que nuestros deportistas iban poco más o menos que en chándal con zapatos y maleta de cartón atada con cuerda de pita. Es un decir. El caso es que tuvo mérito y siempre nos gusta recordar aquella hazaña del carismático maestro con el que tanto contacto tuvimos y aún hoy recordamos a menudo merced a la amistad que nos une con muchísimos de sus alumnos. Por cierto que esta misma mención a nuestro primer diploma olímpico del yudo nacional la hizo nuestro amigo Ángel Luis Ruiz Cámara al ser entrevistado en Onda Madrid. Os dejamos aquí la entrevista en dos cortes por si os apetece escuchar algo de yudo en la radio (concretamente en el programa del periodista Poblador ‘En juego’ emitido el martes 31 de julio). Por cierto que Ángel Luis explica con claridad meridiana la decisión con que Sugoi se quedó sin el bronce.


Justo en los siguientes Juegos, en los de Moscú 1980, el cántabro Ignacio Sanz Paz volvió a repetir gesta consiguiendo el segundo diploma olímpico del yudo español. Y otro tanto sucedió en Los Ángeles 84 con nuestro amigo, el también madrileño, Carlos Sotillo. Era la tónica general hasta Seúl 1988 en que se dobló la ración habitual, con los diplomas del gallego Vitorino González y del madrileño Joaquín Ruíz.

Así hasta que Barcelona es elegida para organizar los Juegos de 1992 y se creó el famoso plan ADO en el que tanto tuvo que ver Carlos Ferrer Salat. Se trataba pura y simplemente de meter pasta para poder planificar y dejar que el talento madurara a base de entrenamiento y estímulo. Qué tiempos aquellos en que España estaba entre las diez economías más prósperas del mundo y entre las cinco más elevadas en el ámbito cultural. Luego llegó el deporte olímpico y se pasó de cuatro medallas en Seúl (1988) a veintidós cuatro años después. España pasaba a ser una potencia deportiva mundial; algo impensable sólo unos cuantos años antes. Pero parece que la constancia no es virtud hispana ¿o lo es? Se podría decir que en Atlanta se vivió de las rentas y que la inercia se fue perdiendo sin que nadie se molestara en volver a dar impulso. 

Miriam Blasco, primera mujer española en conseguir medalla de oro en Juegos Olímpicos

En cuanto al yudo hay que recordar que en Barcelona 92 se cosecharon dos oros; los de Miriam Blasco (primera mujer española en conseguir un oro olímpico) y Almudena Muñoz (la segunda y al día siguiente). Luego, en Atlanta 96 llegó la medalla de plata de Ernesto; única hasta el momento del yudo masculino español en Juegos Olímpicos. Estuvo acompañada, eso sí, de dos de bronces; los de Isabel Fernández y Yolanda Soler. El impulso parece que se acabó con el oro conquistado por Isabel Fernández, cuatro años después en Sidney. Así, hasta ahora.

Almudena Muñoz

Pero hablábamos de diplomas y nos habíamos quedado a las puertas de Barcelona 92. El éxito de las dos medallas de oro antes mencionadas, en los únicos Juegos Olímpicos organizados en España, dejó eclipsado el mérito de Paco Lorenzo, Ernesto Pérez, Yolanda Soler y Begoña Gómez, todos ellos con diploma olímpico. ¡Vaya cosecha!

Ernesto Pérez, única medalla olímpica del yudo masculino español

En Atlanta 96 también obtuvieron diploma Almudena Muñoz y Sara Álvarez y en Sidney 2000 se lo llevaron Úrsula Martín, Fernando González, Ernesto Pérez y Miren León. Posteriormente, en Atenas 2004 llegaron los de Kenji Uematsu, Isabel Fernández, Cecilia Blanco y Óscar Peñas (al perder el combate antes mencionado en la técnica de oro). También fueron diploma olímpico Leire Iglesias, Ana Carrascosa y Esther San Miguel en Pekín 2008.

Según mis cuentas, con el de Sugoi van 23 diplomas olímpicos para el yudo español. Otra cosa son los quintos puestos (que no son tantos). Sabido es que el diploma olímpico se otorga a los ocho primeros clasificados y que en yudo hay dos terceros, dos quintos y dos séptimos, normalmente.

Isabel Fernández, Campeona Olímpica, del Mundo y de Europa, mejor currículum del yudo español de todos los tiempos

A sacar conclusiones

Si varias Comunidades Autónomas han pedido rescate –es decir que reconocen estar en quiebra o poco menos- y ningún presidente autonómico ha dimitido –ni siquiera ha pedido disculpas- se podría trasladar al mundo del yudo este dato. Otra cosa es el grado de responsabilidad de cada cuál. Desde luego a los deportistas no se nos ocurre imputarles responsabilidad alguna porque sabemos lo mucho que sacrifican para llegar a una cita del fuste de los Juegos Olímpicos. También sabemos de lo duro y competido que es el yudo y de la finísima línea que separa el éxito del fracaso en cualquier deporte, y sobre todo en el nuestro.

Otra cosa es la planificación, el cuidado de la élite, el fomento de la cantera de donde llega el relevo... Parece que por ahí también hacemos agua. Nuestros yudocas olímpicos (Londres 2012) tienen una media de 31 años de edad. El más joven es precisamente Sugoi con 28 años y el más veterano Kenji con 34. Entre medias están Oiana con 29, Conchi con 31, Ana con 32 y Cecilia con 33. Está claro que esta espléndida generación se acaba. Difícilmente se puede exprimir más y ojalá nos equivoquemos.

Kenji Uematsu acaba su ciclo deportivo en Londres 2012


De los que no han estado en estos Juegos queda el caso de Laura Gómez que andaba empatada con Ana Carrascosa para acudir a los Juegos de Londres. Se desempató desde los despachos dado que no hubo forma de hacerlo en los tatamis. Pese a todo la valenciana tiene actualmente 28 años. Como su novio Sugoi no parece descartado que pudiera llegar a Río de Janeiro 2016. Ambos están en su derecho de aspirar a culminar tan loable proyecto. Y lo malo es que por detrás, nadie viene apretando como para quitarles de la cabeza un nuevo proyecto olímpico (digo lo malo en cuanto al panorama del yudo nacional; no se me entienda mal, que por ellos me alegraría muchísimo).

Por otro lado, en chicas parecen emerger las figuras de la alicantina María Bernabeu (24 años) y, sobre todo de la gallega Sara Álvarez (21 años). En Madrid también parece haber posibilidades con la parleña Lorena Blanco de 20 años. Pero milita en peso pesado como la gallega Sara que tiene un impresionante currículum y casi la misma edad.

Eso en cuanto a relevo y a las féminas porque en la categoría masculina el panorama parece algo más revuelto. No obstante, en Madrid parece emerger una auténtica joya. Se trata de Francisco Garrigós que con 17 años ya ha mojado en todo un Campeonato de España senior.

No se trata aquí de hacer un análisis exhaustivo de figuras y prospectos, pues ni es espacio ni se poseen medios suficientes. Sí que nos gustaría introducir una reflexión al albor del finiquito olímpico del yudo español y de otras consideraciones. Esperando que otros más capacitados recojan el guante os dejamos deseando vernos pronto en los tatamis, no sin antes haber disfrutado de este tiempo cálido de descanso.

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