26.9.05

Este curso puedes obtener el cinturón negro; si aún no lo tienes

Cada día que entrenas duro estás más cerca de obtener tu cinturón negro






Momento "divino" de la obtención del cinturón negro

20.9.05

Mucho te lo piensas tú ¿no?


¿A qué esperas para apuntarte?

Practica con nosotros

Os recordamos que impartimos nuestras clases en el doyo municipal de Parla (nuevo gimnasio junto a la piscina), en el colegio Ramón Carande de Torrejón de Ardoz y, desde este curso, en el Colegio Ciudad de Guadalajara de la Alameda de Osuna. También volvemos a montar un grupo de defensa personal femenina en el Centro Cívico de la Alhóndiga (Getafe), tras el éxito cosechado la pasada temporada.

Los grupos y horarios son:

Yudo --- Ayto. de Parla --- L, X y V (de 17:00 a 18:00) --- de 6 a 10 años
Yudo --- Ayto. de Parla --- L, X y V (de 18:00 a 19:00) --- de 9 a 14 años
Yudo --- Ayto. de Parla --- L, X y V (de 19:00 a 20:00) --- desde 15 años


Yudo --- R. Carande (T. Ardoz) --- M y J (de 16:00 a 17:00) --- a partir 10 años
Yudo --- R. Carande (T. Ardoz) --- M y J (de 17:00 a 17:50) --- hasta 10 años


Yudo --- C. Guadalajara (Alameda de Osuna) ---M y J (de 17:30 a 18:30) --- único grupo

Yu-yitsu --- Ayto. de Parla --- M y J (de 18:00 a 19:00) --- hasta 12 años
Yu-yitsu --- Ayto. de Parla --- M y J (de 19:00 a 20:00) --- de 13 a 16 años
Yu-yitsu --- Ayto. de Parla --- M y J (de 20:00 a 21:00) --- desde 16 años


Defensa Personal Femenina --- C.C. La Alhóndiga (Getafe) --- los Lunes (de 20:00 a 21:30) --- desde 14 años

Os esperamos.

5.9.05

Nos vemos pronto

Ya andamos todos metidos en el período en que se normalizan algunas cosas que el verano ha dejado “un poco sueltas”. Ahora, cuando quedan unos días para el comienzo del curso escolar, los estudiantes andan ociosos, pero mirando de cerca de sus inmediatos compromisos. También sus padres miran al calendario (algunos incluso esperanzados). Han sido muchos días de descanso para los más jóvenes de los hogares y, también, sus mayores habrán tenido ocasión de relajarse para tomar nuevos bríos con los que afrontar la entrada en el otoño. De momento, la climatología sigue siendo propicia para estar en la calle, así es que aquí va nuestro primer consejo: haced un poco de deporte al aire libre. Dentro de poco, costará más trabajo salir a hacer futin, o con las bicicletas, por no recordar que se acabará eso de nadar a cielo abierto.

Esperamos que el verano os haya servido para seguir haciendo deporte y cuidando vuestra salud. En todo caso, no os preocupéis que muy pronto empezaremos con nuestras clases para seguir nuestro estudio del yudo, el yu-yitsu y la defensa personal. También esperamos y deseamos contar con todos vosotros que estuvisteis en nuestras clases el año pasado. Sabemos que acudirán también compañeros nuevos que siempre serán bienvenidos y felicitados por haber elegido alguna de nuestras singulares disciplinas, con las que, no sólo aspiramos a estar más fuertes ágiles y sanos, sino que pretendemos con ellas encontrar nuestro “camino” en la vida.

Sabemos que muchos de vosotros ya habéis empezado a prepararos con vuestras bicicletas, haciendo futin y entrenando duro en multitud de facetas deportivas que domináis. Algunos, incluso han retomado sus lecciones de yudo, como Yaiza Martín y Raúl Abial, con el maestro Rafael Ortega (cinturón Blanco y Rojo 7º Dan de yudo).

Campeonato del Mundo de Yudo

Para los que están deseando que empiecen las clases de yudo o de yu-yitsu, de momento pueden ir abriendo boca con el próximo Campeonato del Mundo de yudo, que se celebrará en Egipto a partir del jueves día 8. Estad atentos a lo que se ofrezca en televisión y, si podéis, grabad algunas imágenes que, más adelante, podríamos compartir. En especial quienes contáis con canales internacionales, estad pendientes de la programación (Teledeporte, Eurosport…) y no os perdáis la participación española, que siempre puede destacar como viene sucediendo en los últimos años, desde que el yudo nacional eclosionó en Barcelona 92.

2.7.05

Humilde lección lingüística

No tenemos ninguna duda desde que aprendimos aquello de la “jota” con la “u”: “ju”. Escribimos yudo con “i” griega porque es como se escribe en castellano y no por ningún otro motivo.
No tenemos ganas de yoder a nadie, ni pretendemos yugar un papel cojuntural, ni hacer conyeturas, yaculatorias –que no eyaculatorias-, yuegos de palabras ni sortilehios a costa de nada ni de nadie. Pero, por favor… que no nos toquen las palabras –por no decir otra cosa- de la lengua de Cervantes. Y menos ahora que estamos en la celebración de los 400 años de vida de su inmoral publicación. Lean ustedes; lean un poco… Que los televisores tienen un botón, que suele ser el mismo que sirve para encenderlos, que también sirve para apagarlos. Lean un poco.
Hace tiempo que habíamos dado por superado este tema que para muchos sigue anclado en sus conservadoras mentes incapaces de reflexión alguna. Ya hemos dado muchas explicaciones allá donde se nos ha pedido y lo seguimos haciendo con la paciencia del que sabe tener razón, pero no por ello con alguna que otra fatiga. Es que fatigado es sumergirse en las pantanosas razones de los que ni las tienen ni las saben expresar. Fatigoso es nadar en el espeso jarabe de la estulticia, dulce para el goloso ignorante y empalagoso para el austero librepensador. Es como discutir de religión… Cómo se puede razonar sobre algo que se basa en la fe (es decir en lo que se acepta como cierto sin intervención de la razón). Algo así les pasa a la legión de los que gregariamente te dicen que su “yodido judo” está bien escrito porque “es una palabra internacional”, porque “se escribe así en japonés”, porque “siempre se ha escrito así”, por “conservar la tradición”…
No nos vamos a demorar ahora en escribir aquí nuestros argumentos y lo que vamos es a aprovechar para transcribir algo que hemos encontrado en la Red. Por cierto que el otro día vimos a alguien preguntando en inglés que cuáles son las diferencias entre judo y yudo; que si el yudo es el judo coreano. Pobrecillo… El preocupado “internauta” era estadounidense y no sabía hablar en español… como muchos de nuestros queridos colegas compatriotas. ¡Lástima de idioma tan bonito, que no nos merecemos!


Yudo
Consulta: Solicitamos a la Academia Mexicana interponga su valiosa influencia para que en México se escriba yudo con y y no con j. En apoyo de esta proposición transcribimos a ustedes parte de la ponencia que el doctor don Luis Alfonso, miembro de la Academia Argentina de Letras, presentó al Cuarto Congreso de Academias de la Lengua Española, celebrado en Buenos Aires en 1964:"El alud de palabras extranjeras, especialmente inglesas, que está invadiendo nuestra lengua, aconseja que se adopte una norma para transcribir en español la j inglesa... Un caso interesante es el del vocablo yudo, con el cual se designa una de las formas de la lucha japonesa (yuyutsu o yuyitsu). Yudo viene del japonés zyudo, compuesto de zyu (por ju, según la ortografía romanizada puesta en vigor por el gobierno de Japón), que significa "delicadeza", "suavidad", "no resistencia", y de do, "modo, manera"."El yudo es una doctrina de la soltura, una manera de vencer son suavidad, no oponiéndose al adversario sino aprovechando las fuerzas del contendiente en beneficio propio y con la máxima eficiencia. En inglés se escribe judo. De este idioma pasó al español, al francés, al italiano (en el que se usa también la grafía italianizada giudo). En la República Argentina se escribió al principio con j, pero gracias a la tenaz campaña de un entusiasta y activo cultor de este método, el ingeniero Julio Millé, no tardó en adoptarse yudo, grafía que predomina en el uso común."Los periodistas, que por lo común emplean yudo, incurren en la contradicción de escribir jujutsu o jujitsu, cuando lo lógico es yuyutsu o yuyitsu... Ante estos casos, es deseable que las Academias tomen una decisión uniforme: o ha de predominar la escritura y, entonces, deberá admitirse que la j representa también el mismo sonido que la y, o ha de preferirse seguir la norma que impone la pronunciación y, por lo tanto, sustituir con y la j inglesa, francesa, italiana, como se ha hecho en yute, del inglés jute".En espera de una resolución favorable de esa Academia, me honro en saludar a sus miembros con mi más alta consideración (Jorge Alberto Bonhour, Buenos Aires).
Respuesta: Informo a usted que esta corporación apoya su idea en el sentido de que la voz yudo se escriba con y y no con j, como se ha hecho con las palabras yet y yip (Francisco Monterde, director).
Nota: En el suplemento de la decimonovena edición del Diccionario de la Real Academia Española, correspondiente a 1970, aparece esta nota: "yudo (del japonés yu, blando y do, modo.) m. (Pasa a esta palabra la definición actual de judo)". El significado de esta voz es el siguiente: "Sistema japonés de lucha, que hoy se practica también como deporte, y que tiene por objeto principal defenderse sin armas mediante llaves y movimientos aplicados con destreza".

28.6.05

Dai Nipon Butoku Kai

El profesor Wladimiro se ha hecho miembro de la más antigua sociedad de artes marciales, la Dai Nipon Butoku Kai. El pasado día 23 de junio consiguió su primera titulación en la prestigiosa institución, en la rama de yu-yitsu. Además, colaboró en la recepción y atención de la expedición del maestro Hamada (su máximo representante). A continuación se narra la que pasa por ser una apasionante aventura. La crónica es extensa. Si te gusta leer... ¡a por ella! Quizás descubras o reflexiones sobre cosas de nuestras disciplinas, de dónde vienen y por qué son así. En todo caso, pedimos perdón por haber incluido tan pocas imágenes. En ninguna reunión de la DNBK se permite tomar fotografías ni imágenes de vídeo. Sólo la señora Hamada realizó un reportaje fotográfico para su uso particular. Es posible que más adelante se haga llegar a los participantes en el evento alguna de las fotos del acontecimiento. De momento, ni siquiera en Internet es fácil obtener material gráfica de la DNBK. Todo ello no hace más que dar una idea de su seriedad y prestigio.

El título conseguido por el profesor Wladimiro el pasado 23 de junio... A continuación una extensa crónica de lo acontecido en los tres días de contacto con la DNBK. Pese a lo extenso de la narración podemos asegurar que se trata de un resumen; tal fue la riqueza de vivencias amontonadas en tres intensas jornadas.

Dai Nipon Butoku Kai

DNBK
Han sido unos días que difícilmente olvidaré. La intensidad de las muchas situaciones por las que he pasado en un tiempo muy apretado y denso hace que lo recuerde como un largo período, cuando, en realidad, apenas se ha tratado de tres días.

Ingresé como miembro general en la Dai Nipón Butoku Kai este mismo año, entre escéptico y expectante. Todo sonaba bien cuando mi amigo, el maestro Pedro Rodríguez Dabauza, explicaba los pormenores de una asociación que pasa por ser la más antigua en cuanto a artes marciales se refiere.

Yo suelo recordar a mis alumnos que no soy muy listo, pero que me he criado en Caño Roto. En esto de las “artes marciales” –y ahora recalco esta forma de definirlas, que a mí no me gusta demasiado- he visto de todo un poco. Pero lo que más he visto es “engaño”: gente que engaña o gente que está engañada. Y, sobre todo, gente que no permite poner en duda su posible engaño.

Esta placa figura entre los mas preciados trofeos del profesor Wladimiro, tras obtenerla el pasado 23 de junio
wladi

I. La llegada

La mañana del martes día 21 de junio, acudí al Aeropuerto de Barajas a recibir a la expedición del maestro Hamada(*). Llegaba de Virginia con sus alumnos: dos jovencitas adolescentes (de 14 y 15 años), un matrimonio joven (Eric y Margerite), el talludo Tim, el bonachón Perry y la secretaria del maestro, Kim. Junto a ellos viajaba el propio maestro con su mujer Kazumi. Al parecer venían cargados de cajas y maletas por lo que habría que “echar una mano” con su traslado al hotel Regina en pleno centro de Madrid. Mi amigo José Luis de Antonio acudió con su furgoneta de siete plazas. Llevó con él a su alumno Lorenzo, que también conducía otra furgoneta similar. Por supuesto, también acudió Pedro que no podía faltar a la cita en el aeropuerto en su calidad de anfitrión.

La espera fue larga. Desde que se anunció que el avión en que venían los budocas americanos había tomado tierra hasta que les vimos pasaron muchos minutos. Luego, todo transcurrió deprisa. Fue como cuando uno se sube a lo alto de un trampolín y no se decide a saltar al agua. Cuando por fin se da el paso al vacío, el tiempo cobra otra dimensión. De repente uno se encuentra a gran velocidad por el vacío y sin saber exactamente cuando, se zambulle en el agua fresca con un gran estruendo que desaparece a medida que el cuerpo se vuelve ingrávido. Algo de toso eso nos sucedió a los cuatro miembros de la comitiva española de recepción.

Yo, por educación, intenté cerrar la comitiva y caminar detrás del sensei. No hubo manera; se retrasaba notablemente del grupo, para no caminar a nuestro lado.

Solo con las cajas y algunas maletas quedó repleta la furgoneta de Lorenzo. En la de José Luis también se metieron muchas maletas y sólo quedaron tres plazas libres después de mucho luchar. Después de todo, mi presencia en el aeropuerto iba a ser algo más que testimonial. A mi coche subieron Perry –delante- y dos de sus compañeras. Se les notaba cansados, por lo que sólo charlé un poco con ellos, mientras conducía.

Al poco de llegar al hotel, Pedro me pidió que les acompañara al Casino, que se encuentra a escasos metros del hotel Regina, para servir de intérprete. Esa era la razón por la que yo había acudido al aeropuerto.

Enseguida me di cuenta de que al maestro Hamada no se le podía tratar como a cualquier otra persona. Yo le miraba de hito en hito, pero bajaba la mirada cada vez que descubría que el maestro notaba que le observaba. En el momento de salir del hotel y dejar allí a sus alumnos vimos la primera muestra del profundo respeto que sienten hacia él; de la veneración que le profesan. Cualquiera que pasase por allí pensaría que se trataba de una secta. Hombres maduros como los americanos llegados desde Virgina se cuadraron como soldados ante el maestro y con los talones fuertemente juntados inclinaban sus cuerpos 45 grados manteniendo la reverencia hasta que el maestro estaba muy lejos; ya en la calle.

Al Casino nos trasladamos cinco personas: el maestro Hamada, su secretaria Kim, Pedro R. Dabauza y yo. La quinta persona era Didra, una profesora de inglés residente en Madrid, que es a su vez alumna del maestro en Virgina. Acudía como traductora del maestro; y lo pasó francamente mal a lo largo de estos tres intensos días. Su castellano no es muy bueno.

Una vez se sentó el maestro y viendo lo protocolario de cuantos movimientos realizaban su secretaria y Didra, me quedé en pie sin tomar asiento. En cierto modo no sólo lo hice por respeto; era como si me hubiera quedado pasmado. El resultado fue bueno porque el maestro vio mi actitud y me invitó a tomar asiento. Luego, las instrucciones sobre el protocolo para el momento de los exámenes y del seminario del siguiente jueves, fueron muchas y muy detalladas. Empecé a tomar conciencia de cómo se toman las cosas gente como el maestro Hamada, que puede presumir de descender de una familia samurai de alta alcurnia.

Cuando acabó nuestra reunión salí sin sentir que las piernas transportasen mi cuerpo. Estaba francamente impresionado por todo lo que había visto… Y aún estaba por ver casi todo.
* Maestro de enorme prestigio descendiente de familia samurai. Su nombre se pronuncia “jamada”. La mayoría de los japoneses adopta el inglés para escribir, ese es el motivo de que en España se escriba yudo con jota, por ejemplo.

La insignia que llevan los miembros de la DNBK
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II. Excursión y comida en El Escorial

La vuelta a la rutina era inevitable. Se podría decir que incluso fue “sana”. Todavía tuve tiempo de atender mi trabajo, comer en casa y partir para Paral a impartir mis clases de yu-yitsu. Al día siguiente, el miércoles 22, quedamos citados en la puerta del hotel a las 9:00 horas.

De allí salimos hacia Las Ventas. En mi coche subieron la señora Hamada, el maestro Koshima y dos chilenos maravillosos: el maestro Herbert Aroca y su alumno Luis. Llegamos los primeros y encontramos un lugar en el que estacionar justo junto a la puerta de entrada del museo taurino. Cuando llegó Pedro conduciendo su BMW deportivo con los maestros dentro (al sensei Hamada le acompañaba ya el venerable maestro Kuwa Hara(*), que había llegado la noche anterior junto a Koshima, que viajaba en mi coche). Le hice señas a Pedro para que se acercara y le cedí mi lugar, de modo que los maestros no tuvieran que caminar ni esperar a que Pedro encontrara un sitio para el coche.

Ya en la visita al coso, cuando la guía se disponía a permitir que los visitantes saltasen al ruedo, el maestro hizo una seña y todos sus alumnos a la velocidad del rayo fueron saliendo del recinto por delante de él. La visita había tocado a su fin.

Cogimos los coches y partimos hacia el Valle de los Caídos. De nuevo fuimos los primeros en llegar. Estacioné bajo la sombra de unos pinos y poco después iniciamos todos juntos la visita al monumento. Como no contábamos con guía Pedro me pidió que actuase como tal para el maestro. El honor de poder dirigirme al maestro competía con la preocupación de no cometer ninguna incorrección. Lo malo es que si mi inglés no es malo, mis conocimientos sobre la Cruz de los Caídos no son muchos. Expliqué, sin entrar en demasiados detalles, que fue mandado construir por un famoso general que venció en una guerra. Mi relato intentaba emular los escuchados sobre la historia de Japón, tratando de evitar connotaciones políticas. Le conté que los prisioneros fueron obligados a cavar la cueva en la montaña, bajo la cruz, casi sin maquinaria; con apenas picos y palas. Hablé de las características graníticas de la montaña en que se horadó la grandiosa gruta en la que ahora está la tumba de aquel famoso guerrero que acabó dirigiendo nuestro país. No debí hacerlo muy mal porque el maestro se interesó en mi relato y llegó a transmitirme algunas cuestiones. Quería saber más sobre el tiempo que se tardó en construir, si esa montaña tenía algún significado especial… Como temía cometer algún error le vine a explicar que fueron largos años porque no se utilizaron los modernos medios que hoy en día se tienen para construir; que muchos fueron los que perdieron la vida en la tarea, al tener que soportar los rigurosos inviernos de la zona en condiciones extremas –mal alimentados y peor vestidos-; que la montaña es un enclave especial al poderse ver desde cualquier punto de la capital de España; que, además, en esas montañas se habían librado multitud de combates entre guerreros valientes de los dos ejércitos. Cuando llegó a la capilla en que se hallan las tumbas de José Antonio y Franco, el maestro reunió a sus alumnos y les puso a rezar tras dirigirles unas palabras. Comprendí entonces que mis palabras habían llevado al maestro a apreciar el lugar y a respetarlo por lo que representa para los españoles. Después de todo, había conseguido explicar que era un lugar muy especial, por más que despierte tan diferentes reacciones y sentimientos en los españoles, por lo que supone y lo que representa. No necesité explicarle nada de nuestra bochornosa guerra civil, ni de las represiones posteriores, ni de la actual división de España en dos grandes bloques (la España conservadora y la España progresista).

Tras nuestra visita al valle salimos hacia el Monasterio de El Escorial. Pese a que el maestro lleva a todas partes un corsé, fuertemente abrochado a su cintura, aceptó entrar al recinto mandado construir por Felipe II. Cuando la guía comenzó el recorrido, el maestro Hamada se apartó del grupo. Caminó rezagado junto al maestro Kuwa Hara, que parecía un simple turista oriental: solo le faltaba la cámara de fotos.

Por educación yo iba cediendo el paso a la comitiva y solía quedar el último del gran grupo. De ese modo tuve ocasión de ver a los maestros Hamada y Kuwa Hara. No parecían mostrar un interés especial en los muebles ni en los cuadros… Su actitud era respetuosa pero no atendían a las explicaciones de la guía; quedaban siempre muy lejos de ella y no la podía oír. No obstante, observé que al pasar junto a dos cuadros que representaban escenas de ejércitos desplegados en el campo de batalla, permanecieron largo rato mirándolos.

Al salir del monasterio, nos dirigimos a comer a un restaurante cercano. Nada más salir perdí a Pedro que salió como un rayo, siendo el único que conocía el lugar al que nos dirigíamos. Tuve la perspicacia de encontrar el lugar en poco tiempo y antes de que se preocupasen los ocupantes de mi coche, así es que nos reunimos a la mesa en el restaurante Buganvilla. Ninguno de sus alumnos tocó ni una copa, hasta que el maestro hizo una seña. Luego, antes de empezar a comer gritó unas palabras tradicionales permitiendo que cada cual fuera bebiendo o comiendo según su deseo.

Los americanos parecieron comer con apetito una selección de aperitivos y entrantes. Pero al llegar el momento de la paella, todos dejaron que se les retiraran sus platos con mucha cantidad de comida en ellos.

El tiempo se marchaba rápido. Yo tenía que impartir mis clases de yudo. Como uno es perro viejo en ciertas cosas había tomado la precaución de prevenir a mi alumno Carlos Grande –un buen alumno que goza de mi confianza, pese a sus 15 años de edad- por si yo me retrasaba. Carlos tuvo finalmente que hacerse cargo de las dos primeras clases.

Salimos del restaurante cerca de las cinco de la tarde. Luego el tráfico denso de un Madrid pleno de obras en sus principales calles motivó que llegara muy tarde al gimnasio (doyo) municipal de Parla. Allí me esperaba Arturo Santos, el alumno de Antonio Enjuto que había quedado en preparar conmigo la prueba. Era la primera vez que nos veíamos y tuvimos que emplearnos duro un par de horas.

Cuando llegué a casa cené y me senté frente al ordenador. Al día siguiente tenía entrega de textos de una revista. No tenía ni una sola línea de los tres reportajes que debía enviar. Sólo aguanté hasta las doce y media de la noche. Puse el despertador y me fui a dormir un poco. El cansancio y la excitación me hicieron tardar en conciliar el sueño.
* Maestro cuyo nombre se pronuncia “cuajara”; 9º Dan de yu-yitsu con 85 años de edad y estado de forma envidiable, aún para personas de veinte años menos

La historica foto que preside toda reunion de la DNBK, con Yigoro Kano en el centro
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III. El gran día

La alarma sonó a las 4:00. Había dormido poco más de tres horas. Tardé en reaccionar, pero un café cargado me ayudó a despejar mi somnolencia. No tardé en empezar a golpear con energía las teclas, hilvanando frases con cierto sentido. Los nervios me hacían volver la cabeza a cada poco para ver la hora en el reloj colgado de la pared. Enseguida acabé un reportaje sobre las fiestas populares recientemente celebradas en Torrejón. Luego, pasé a redactar otro sobre le balonmano-playa. Para ampliar este reportaje tuve que transcribir la entrevista a uno de los mejores jugadores del mundo de esta modalidad deportiva. Al acabar, me puse, casi con fiereza, a escribir sobre la oferta municipal de actividades estivales. Con los textos concluidos, empecé a seleccionar las fotos de los tres reportajes, mientras los enviaba por correo electrónico a la redacción de la empresa para la que trabajo.

El proceso de selección de fotos y su correspondiente envío siempre me lleva varios minutos por cada imagen. Primero selecciono las mejores imágenes, luego las retoco una a una, para conseguir que sean de máxima calidad (en ocasiones hay que recortar, quitar manchas, enfocar, sombrear caras de policías y niños o matrículas de coches, etc.). Luego, el envío de las imágenes es laborioso, pues las nuevas tecnologías también tienen sus limitaciones. Hay que tener en cuenta que las fotografías han de tener una calidad aceptable para poder ser publicadas en papel. Eso quiere decir que, a veces, enviar cuatro fotos puede llevar cinco minutos. Si se tiene en cuenta que envié cincuenta, se puede uno dar cuenta de lo laborioso de la operación.

Pese a todo, salí de casa con la confirmación de que todo había ido bien y con tiempo suficiente para comprar algo de comida. La cita era de 11:00 a 11:30 en el polideportivo Los Rosales de Móstoles y la previsión era de no salir de él hasta las 17:00 horas.

El sentido común aconsejaba meter en la bolsa, junto al yu-yitsu-gui (al traje de faena, vamos), algún alimento y, un par de botellas de agua. De una de ellas fui dando buenos tragos mientras conducía.

Llegué al polideportivo a las 11:00. Como me había despertado a las 4:00 y sólo había tomado tres cafés, para conseguir vencer el sueño, decidí ingerir algo de alimento: lo más duro estaba por venir y podría venir bien para no desfallecer.

Al pasar el recinto deportivo, lo primero que hice fue orinar. Había bebido casi un litro de agua y luego tal vez no se pudiera salir al servicio con libertad.

Al llegar al pabellón, Pedro daba instrucciones para rematar algunos detalles. El tatami había sido colocado sin quedar centrado en la sala. Varios alumnos del maestro Enjuto (otro de los participantes en el evento) trasladaban algunas colchonetas de un extremo al otro del tatami. Solté la bolsa y me puse a colaborar. Luego, me encargaron de custodiar las llaves del vestuario destinado a los maestros, de recibirles a su llegada y de explicarles donde tenían a su disposición cada cosa que necesitasen.

Poco después, llegaron los americanos, todavía sin los maestros. Utilizaron el Metro para su desplazamiento. Yo no quise comprometerme a acudir en esta ocasión al hotel y le pedí disculpas por ello a Pedro cuando me lo pidió la noche anterior. Bastante tenía con el cierre de la revista. Por otra parte, había quedado con mi uke (compañero de examen), Arturo Santos, en acudir pronto al polideportivo para dar un repaso a nuestro examen. No tuvimos ocasión más que de recitar en alto la serie de ataques que yo le realizaría. Todo lo demás se nos fue en atender las instrucciones que nos iban dando y, en mi caso, en colaborar en cuanto se me ordenaba (“llama a José Luis para ver si ya han salido”, “explica a Didra para qué sirve cada llave”, “sal a esperar a los maestros para conducirles a su vestuario”…)