16.5.08

Celebramos nuestro Trofeo de San Isidro

El día de San Isidro tiene un especial sentido para quien ha vivido a escasa distancia de la ermita de santo tan madrileño. Pero aún más cuando se tienen recuerdos muy relacionados con el yudo.

Uno de esos recuerdos me lleva hasta hace muchos años en que asistí como imberbe espectador a una de las primeras competiciones de yudo que presencié. Hablo de una competición de raigambre y de mucho prestigio, como aquel legendario Trofeo de San Isidro que se anunciaba con el adjetivo de ‘Todas categorías’. Hoy -ya se sabe el poder de la lengua de los hijos de la Gran Bretaña…-, hoy este tipo de encuentros de yudo se llaman ‘Open’. El caso es que en ambas versiones lo que indica es que ningún participante se ha de subir a la báscula antes de saltar al tatami.

He consultado algunos datos y alguna fecha me baila. Parece ser que fue en 1970 cuando José Luis de Frutos se enfrentó en la final de dicho Trofeo al enorme y temible canario Santiago Ojeda. No me parece andar yo muy orientado pues creía que mi vinculación con este yudoca no me llevaba a conocerle sino hasta varios años después. Pero, como ahora no viene al caso y el recuerdo de lo que paso a contar es imborrable, sigo con mi narración.

Yo era un chavalín y tenía por ídolo, casi a la altura de mi propio profesor, Rafael Ortega, a de Frutos. Por entonces, ambos marcaban profundos surcos en el yudo nacional dejando huella imborrable como la pareja más insólita y maravillosa de yudocas. Eran como hermanos y nos hacían sentir a sus alumnos (de ambos maestros) como afortunados elegidos que asistían al devenir histórico de una parte importante del yudo de este país.


Creo recordar que el campeonato se celebraba en el Palacio de los Deportes y que José Luis de Frutos llegó a la final sin demasiados problemas. Allí se las tenía que ver con Santiago Ojeda, uno de los primeros yudocas en obtener sonados triunfos para el yudo hispano (y hablamos de medallas en campeonatos de Europa senior, de todos los colores, incluido el dorado). A pesar de la enorme diferencia de peso (unos 40 kilogramos a favor del canario) yo no dudaba en ningún momento que mi ídolo daría buena cuenta de su rival. Y lo pudo haber hecho… pero, Ojeda era mucho Ojeda.

De Frutos impuso su estrategia. Movió al grandón canario y le tuvo en jaque. Pero el canario también esperaba su ocasión. En un ataque de José Luis de Frutos Ojeda se lanzó sobre él chafando a su rival al aventajarle en corpulencia. De este modo, también consiguió aplicar nítidamente un okuri-eri-yime al cuello del madrileño. Como estaban boca abajo, yo esperaba ver voltear a de Frutos, en cualquier momento, a su adversario y pasar a dominarlo. Le había visto maniobras similares en muchas ocasiones. Cuando parecía tener toda la desventaja, de Frutos acababa limpiamente en ne-uasa con sus rivales.

Mi sorpresa fue que, cuando por fin giraron y se les vio el rostro, José Luis parecía tener los ojos a punto de saltar de sus órbitas. No daba crédito a lo que veía y dudaba, aún, pese a toda evidencia en sentido contrario, de que de Frutos estuviera en peligro. Ortega le gritaba a su amigo dándole ánimos, buscando desesperado una solución y seguramente mintiéndole con que quedaban 30 segundos (cuando, en realidad, lo mismo quedaba un minuto o dos de combate).

Me gustaría contar que, pese a todo, de Frutos ganó. Pero no fue así. Sí que lo hizo en varias ediciones más de este trofeo San Isidro (como creo que también lo ganó Ortega, aunque yo no le vi competir en dicha competición –ya estaba cruelmente sancionado a perpetuidad por los estamentos franquistas de la época-). Lo que si voy a añadir a este recuerdo es otro muy ligado al mismo.

Años después de lo narrado, el San Isidro reconvirtió su formato y pasó a disputarse en dos únicas categorías de peso. Una probablemente fuera para yudocas de menos de 75 kilogramos. La otra era a partir de ese peso y sin límites máximos.



Yo debía tener 15 años pues andaba impartiendo clases a escondidas en el antiguo Gimnasio Judansha (que luego pasó a ser el ‘Pedro Gil’). Ya he dicho muchas veces que, por entonces debía de ser el peor profesor de yudo del mundo, pero, probablemente, también, uno de los que más interés e ilusión ponía en su labor.

Por entonces se dirigió a mí Ortega al acabar algún entrenamiento y, con la solemnidad con que él sabe hacer estas cosas, me comunicó que iba a participar en el San Isidro. Tal fue la ilusión que me hizo que no reparé en que tenía la misma dosis de temor, miedo, confusión, congoja, pavor, intranquilidad… ¡llámese como se quiera! Iba a tener la ocasión de competir en el trofeo en que había visto a de Frutos. ¿Podía haber un honor similar para un chaval de Caño Roto?

Con mis 15 años y mis 66 kilillos, de entonces (¿dónde estarán?), me conseguí deshacer de tres rivales más grandes y mayores que yo. Me planté en las rondas de la tarde, junto a algunos compañeros más del Banzai, de similares edades a la mía (éramos el equipo más joven). Ya por la tarde me las vi con Eduardo Cruz, por entonces campeón de España (de menos de 65 Kg.) a quien tuve contra las cuerdas hasta que faltando poco para el final del combate me consiguió marcar una ventaja (yuko, creo recordar). Era como para estar satisfecho, pero, yo me fui enrabietado a esconder mi ira (como siempre me habían aconsejado hacer). Mi sentido de la superación no reparaba en mérito alguno en haber perdido de aquella manera contra todo un campeón de España, que, seguramente, es cuatro o cinco años mayor. No creo que ese día fuese especial para haberme librado de aporrear alguna pared, puerta o mueble a mi paso hacia lo más recóndito del vestuario, donde solía buscar escondite, en estos casos.

El final de esta historia es que nuestro fenomenal campeón, Josele Campo, ganó el Trofeo San Isidro y gracias a su ejemplar participación y a la meritoria aportación de varios yudocas más del Banzai, entre los que me encontraba, nos llevamos el copón al mejor equipo, aún siendo casi todos bisoños y casi imberbes. Sólo Josele tenía un par de años o tres más que nosotros.


Todo esto lo he contado para que se comprenda el especial cariño que le tengo a la fecha de San Isidro y no precisamente por aspectos eclesiásticos. Ahora se comprenderá mejor por qué suelo organizar, cada vez que puedo, un ‘torneo’ en las clases que imparto, que coinciden con la onomástica mencionada. Lo suelo hacer casi de improviso, como el que desarrollamos ayer jueves 15 de mayo en las clases de Parla, que fue estupendo.

Paso ahora a dar cuenta de que este torneo, se celebró en cada una de las clases que se imparten en martes o jueves. En la de ‘Chiqui-yudo’ se hicieron tres grupos. Así, se pudo reunir a los niños de 4 y 5 años, por un lado, a los de 6, por otro, y, finalmente, se hizo un tercer grupo con los niños de 7 años (recién cumplidos). Los campeones fueron Alejandro López (5 años), Alex Asensio (6 años) y Jesús Gauche (7 años).

En la segunda clase se dividió a los participantes por mangas. El campeón de mangas verdes resultó Christian Pérez, y el de mangas rojas y amarillas fue David Yánez.

En la tercera clase ganó el cadete Erick Bolaños, imponiéndose a todos sus compañeros, dado que se celebró el campeonato por sistema de liguilla.

Finalmente, en la clase de adultos se hicieron dos liguillas (ligeros y pesados) que practicaron suelo para determinar los dos primeros de cada una. De este modo, el primero de ligeros se enfrentó a segundo de pesados en una semifinal y el primero de pesados se enfrentó al segundo de ligeros en la otra. Al final ganó esta competición Sergio María, que consiguió un espléndido ipón de uchi-mata sobre Juan Antonio Muñoz.


A continuación incluimos el cuadro de honor. Podéis ver a todos en las imágenes adjuntas.

CHIQUI-YUDO

(4 Y 5 AÑOS)
  1. Alejandro López
  2. Mónica Muñoz
  3. Javier Pérez y 3. Enrique Valderas
(6 años)
  1. Alex Asensio
  2. Rubén Pérez
  3. Pilar Rubio y 3. Iván García
(7 años)
  1. Jesús Gauche
  2. Miriam Castro
  3. Daniel Muñoz y 3. Cristina Pérez
SEGUNDA CLASE
Mangas verdes
  1. Christian Pérez
  2. Aroa del Campo
  3. Javier Martínez y 3. Daniel Cueto
Mangas rojas y amarillas
  1. David Yáñez
  2. Paul Barzallo
  3. Verónica Navarro y 3. Jesús Lázaro
TERCERA CLASE
  1. Erick Bolaños
  2. Iván García
  3. Itziar Sánchez
YUDO ADULTOS
  1. Sergio María
  2. Juan Antonio Muñoz
  3. Francis Pérez y 3. Tomás Kotikov

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